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GARCÍA HERNÁNDEZ, José María

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Datos biográficos

José María García Hernández nace en Huelva en 1977. Se licenció en Humanidades en la Universidad de Huelva en el año 2004. Está asociado al Proyecto de Excelencia HUM-4534 "Edición crítica de las Metamorfosis y Opera minora de Ovidio" en el Departamento de Filologías Integradas de dicha Universidad desde septiembre de 2010. Asimismo, es miembro del grupo de investigación "Nicolaus Heinsius" (HUM-261) de la Universidad de Huelva desde la misma fecha.
 
Cursó el Máster Oficial en Literatura Europea y Enseñanza de Lenguas en la Universidad de Huelva, que concluyó con su trabajo de investigación "Nuevas aportaciones al Ibis de Ovidio a través de los manuscritos Berolinensis Deutsche Staats Bibliothek Diez. B Sant. 4, Londinensis Musei Britannici Add. 11972  y Toletanus Biblioteca del Cabildo ms. 102-10".

Actualmente trabaja en la edición y comentario crítico-textual de los manuscritos españoles que contienen los Opera minora de Ovidio, proyecto que presentará como tesis doctoral. Coordinador de la revista Volandas.

 

 

Obra literaria

Ha publicado:

  • Amor y tierra (poesía) obra editada por el Ateneo Alternativo "Antonio Carrasco Suárez". (Huelva, 2003).

 

Premios

 

 

Obras en Internet

 

 

Menciones y reseñas de Internet

 

Fragmentos de su obra

POEMAS

I

Regocíjate en la huella de mi espera
mientras mi desengaño se conjura
en la tormenta y en el odio.

Malditos queden tus actos así como tu nombre.
Porque yo te declaro muerta desde mi hastío
y te proclamo asesina del amor,
productora del odio y de la ira.

IV

No es ésta de aquí mi orilla, ni mi tesoro azul,
éste no es mi cielo, que está tan ausente.
Ése no es el sol que bronceara mis hombros.
No está aquí mi madre, piel clara y mentón alto.

Hoy me siento falto de raíces y de tierra,
muy sobrado de autopistas y billetes de tren.
Hoy todo se me niega en ti de efímero y fugaz.

 

"He vencido al ángel del sueño, el funesto alegórico:
su gestión insistía, su denso paso llega
".
Pablo Neruda

Qué feliz alejamiento
de su tronco de ciprés desahuciado,
de su oración de icono y capilla,
de su piedra anacrónica y gastada.
Si ayer se diluyó mi penitencia en su penumbra decreciendo
mi afán -henchido a sombras-
y en mi vida de anciano arraigó la decadencia;
hoy, aunque me han vuelto las letras a la tinta como a la llama
el caldero,
aún duelen las palabras de duras y tenaces.
Confieso que ahora me avergüenza haber trenzado la desidia
con la misma habilidad con la que araño con mis uñas en la hoja,
me avergüenza haber negado cada letra
sin haberla pronunciado antes mi pluma
y me avergüenza haber ansiado hasta el acopio
el clandestino sinsabor de lo liviano.

En la estrechez del arrepentimiento y de la culpa
me corto los dedos con la pluma
y me engaño en mi deseo de salir, buscar y renovarme:
de encontrar mi juventud y la poesía.